7 oct 2010

RELAJACIÓN PSICOLÓGICA



Sumergidos en la vorágine del día a día, corremos de un sitio a otro, nos ocupamos de mil cosas y nos acostamos extenuados. Con frecuencia ponemos a prueba nuestros límites y el cuerpo, como es natural, se resiente. ¿Cuándo dedicamos tiempo a cuidarnos mental y emocionalmente?

Cuidar nuestra salud mental significa conocernos, aceptarnos, tener plena conciencia de nuestras sensaciones, pensamientos y emociones, esforzarnos por evolucionar y crecer. Encontrarnos bien “por dentro” influye positivamente en nuestra salud física, en nuestro entorno (familia, trabajo, amigos, red social, etc.) y en nuestra capacidad para vivir de manera más plena, auténtica y placentera. ¿Pero cuándo podemos dedicar ese tiempo a prestar atención a nuestro interior? ¿Y cómo? Con 15 minutos al día, en cualquier lugar y a través de la relajación.

La relajación es un estado físico en el que los músculos están en reposo y el nivel de activación se reduce. En el plano psicológico se trata de un estado de conciencia que libera la mente, fortalece la percepción de uno mismo y permite alcanzar una sensación de profunda calma y serenidad.

Son muchos los estudios que demuestran los múltiples beneficios que aporta la práctica de la relajación durante varios minutos al día:

~ A nivel físico: favorece la actuación del sistema inmunológico, incrementa la salud en general, regula la respiración, disminuye la tensión arterial, mejora la circulación sanguínea y aumenta la oxigenación cerebral.


~ A nivel psicológico: reduce la ansiedad, el estrés y el dolor físico, mejora la calidad del sueño, incrementa la capacidad de concentración, de memoria y la creatividad, potencia una mayor conciencia de sí mismo y del alrededor, estimula la actitud positiva, desarrolla estrategias para afrontar de manera más saludable cualquier situación, fomenta la confianza en uno mismo y favorece la comunicación y la empatía.

Existen técnicas muy diversas que enseñan cómo llegar a ese nivel de relajación. Todas tienen en común el método - el control de la respiración -, y el objetivo – desarrollar una perspectiva del mundo desde la calma, conseguir la armonía física, mental y espiritual y, en definitiva, mejorar la calidad de vida y el bienestar emocional. La relajación se convierte así en ese pequeño regalo diario que nos merecemos: una combinación auténtica de placer, sencillez y paz.

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